Por suerte se fue;
conocía mi punto G,
mis deudas, mi prontuario,
mis horarios de oficina,
mi culto profesado,
las mentiras que firmaba,
que tan onda era mi piscina,
su cambio climático,
el mal humor, sus desapariciones,
sus regresos distendidos,
y yo que no la iba a perdonar,
que tan rápido se cambia de opinión
cuando nos empujan ciertos bellos
que pueden ser horribles,
y no escuchaba sus disculpas,
nunca había necesidad,
mis oídos me obligaban otro film,
veinticuatro horas no eran un día,
las agujas de plomo,
el deseo, un mensaje,
un llamado, una sonrisa de humo,
y no había nada,
solo mis ganas
esperando que se vaya,
quitarme un amor de encima,
sus letras en mayúscula,
y nunca lo supe hasta que lo tuve que escribir,
entendí el sentido
cuando me lo hizo deletrear,
y lo quiero bien lejos,
un camino de ida,
el asfalto caliente, la dependencia,
la locura, el miedo,
el ostracismo voluntario,
la melancolía, las ojeras,
tantos reproches sin saber que decir,
el exceso de preguntas,
¿y que me dejó?
un recuerdo que pagaría años
por volverlo a sufrir.













































































