Un día llegué a donde no quería estar,
volvía resignado al rebaño
como un autómata costumbrista,
y en esa pecera de un gris inhumano,
la sorpresa de mis ojos
encontró un ángel caído,
sentado a mi lado,
con la mirada del mal,
esa que me enseñó el anarquismo
y a buscar la libertad,
enemiga de los aherrojos,
del amor capitalista,
con tu inteligencia pensativa
descubriste mi secreto;
soy la mentira del mentiroso,
me retiro hacia donde no me puedas ver,
a la pelea con mis dedos por llamarte,
no soy el que esperabas,
quise ser una persona que no era,
vivir otra vida,
esa que no era la mía,
en vela por la competencia,
intentando sorprenderte,
no sirvieron mis armas
a tus valores altruistas,
nunca me gustaron las despedidas,
perdón por mi altura,
debe ser culpa de las circunstancias.



