Largo camino del olvido: abril 2007

20minutos.es

Había algo…




Había algo en sus ojos que asustaba,
un fuego en su mirada que advertía,
prometía y seguro que mentía,
con su beso el recuerdo se olvidaba.

Donde su boca el llanto sonreía,
en su olvido la muerte se tentaba,
en sus noches el diablo la buscaba,
en sus manos el niño se dormía.

Un iluso de ilusión la esperaba,
inconsciente de inconciencia la quería,
con vergüenza en los rincones la lloraba.

Al remedio como un loco resistía,
la pena con ternura me abrazaba
susurrando que nunca seria mía.

De rodillas…


No volveré de rodillas,
aunque lo haría otra vez,
nunca oirás mis lamentos,
son de hoy, de mañana y de ayer,
no te pediré ni un vaso de agua
aunque me muera de sed,
ya hasta grito susurrando
y lloro sin lograrlo,
te has llevado hasta mi piel,
maldito hechizo que provoca
a los amantes sin su amor,
ya no encuentro el regreso,
la luz me lleva siempre a tus pies,
es un túnel muy estrecho,
el contacto con tus besos
a cualquiera puede enloquecer,
es que nunca pude evitarlo,
y ya no soy quien para olvidarte,
estoy condenado, no puedo escapar,
desde tu primer caricia
hasta tu ultima maldad,
por tu mirada todos me reconocerán.






Cuando te sueño…


Me preguntaste cuanto te pienso,
y no pude ser sincero
por miedo a que no me creas,
pasa que estas lejos
y no quiero dar lastima,
pero tu perfume me persigue,
aunque hace tiempo que no lo acaricio
mezclado con saliva, sudor y tus dichos,
claro que no fue solo mío,
pero eso a mi no me importa,
bajo tu reinado yo fui rico,
sobraban tus suspiros,
eso con dinero no se compra
y si no pregúntale a mis oídos
que como un perro a su dueño lloran.
Te diré cuanto te pienso;
desde que me levanto
hasta que me acuesto,
pero lo mejor es cuando te sueño.
* para Angelina, ¿y qué? *

Tú y yo…


Todo sobra alrededor,
que desaparezcan todos,
que suceda lo peor
con tal que estemos tú y yo…
(mi boca poseída susurro).

Pero ella jamás se despidió,
su última imagen cuando me besó,
sus ojos de duda en el ascensor,
y esa maquina maldita la secuestro.

No creo que haya sido un tibio adiós,
me consuela pensar en su resignación,,
evitando así que suframos los dos,
y la sombra de lo que fue no pasó,

La distancia altanera cegadora,
no pudo brindar por su victoria,
por culpa del amor que se entrometió,
y los únicos culpables
somos para siempre tú y yo.